Sanidades: la categoría de milagro más frecuente
Los milagros de sanidad forman la categoría más numerosa en los relatos de los Evangelios. Jesús sana a los ciegos (Marcos 10:46-52; Juan 9:1-41), a los sordos y mudos (Marcos 7:31-37), a los leprosos (Lucas 17:11-19), a los paralíticos (Marcos 2:1-12) y a una mujer con flujo de sangre desde hacía doce años (Marcos 5:25-34). Juan 9 es particularmente significativo: Jesús sana a un hombre ciego de nacimiento, lo que provoca un interrogatorio sostenido por parte de los fariseos. Cuando preguntan quién pecó para causar su ceguera, Jesús rechaza completamente la premisa -- esto sucedió para que las obras de Dios se manifestasen en él (Juan 9:3). Las sanidades no son meramente actos de compasión; son proclamaciones actuadas de que la era de restauración prometida por Isaías (35:5-6) ha llegado. Cada sanidad es un anticipo del cuerpo resucitado y de la creación renovada.
Exorcismos: autoridad sobre el reino espiritual
Jesús realiza numerosos exorcismos en los Evangelios sinópticos -- expulsando demonios del endemoniado gadareno (Marcos 5:1-20), de un muchacho con convulsiones (Marcos 9:14-29), de un hombre en la sinagoga (Marcos 1:21-28) y de muchos otros. El patrón es consistente: los demonios reconocen a Jesús antes que los humanos, dirigiéndose a él como el Santo de Dios (Marcos 1:24) e Hijo del Dios Altísimo (Marcos 5:7). Su autoridad sobre ellos es inmediata y absoluta. Cuando los setenta y dos regresan de su misión informando que hasta los demonios se someten en el nombre de Jesús, él responde: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo (Lucas 10:18). Los exorcismos no son incidentales -- son batallas de primera línea en el avance del reino, arrebatando al hombre fuerte sus posesiones (Marcos 3:27). Anuncian que el poder cósmico del mal ha encontrado un poder mayor en Jesús.
Milagros de naturaleza: Señor sobre la creación
Los milagros de naturaleza están entre los más cargados teológicamente en los Evangelios. Jesús calma una tormenta con una palabra (Marcos 4:35-41), camina sobre el agua (Mateo 14:22-33), alimenta a cinco mil personas con cinco panes y dos peces (Juan 6:1-15), y convierte el agua en vino en Caná (Juan 2:1-11). La respuesta de los discípulos al apaciguamiento de la tormenta es reveladora: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen? (Marcos 4:41). La respuesta que los Evangelios están construyendo es la respuesta del Antiguo Testamento: solo Dios manda sobre los mares (Salmo 107:29, Job 38:8-11). La alimentación de los cinco mil hace eco del maná en el desierto y anticipa el banquete mesiánico. Juan coloca el milagro del agua en vino primero en su Evangelio, llamándolo el primero de sus señales -- una declaración programática de que Jesús ha venido a transformar el orden antiguo en algo radicalmente nuevo.
Resurrecciones: poder sobre la muerte misma
Jesús resucita a tres personas antes de su propia resurrección. Resucita a la hija de Jairo (Marcos 5:21-43), al hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17), y de manera más dramática, a Lázaro, que llevaba cuatro días en la tumba (Juan 11:1-44). El relato de Lázaro es la cumbre teológica de los relatos de milagros de Juan. Jesús declara: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (Juan 11:25). La resurrección de Lázaro es deliberada, pública, y entre los testigos hay muchos que posteriormente creen -- y algunos que lo informan a los fariseos, precipitando el complot para matar a Jesús (Juan 11:45-53). Su propia resurrección (Lucas 24, Juan 20-21) no es simplemente el milagro más dramático sino el acontecimiento que valida cada afirmación y cada señal que lo precedió -- la demostración definitiva de que la muerte ha encontrado a su amo.